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deportes dentro y fuera del juego

¿Los héroes nos han dejado a nuestra suerte? La necesidad de ídolos en la lucha.

2 minutos de lectura

La lucha se encuentra tan presente en el desarrollo de cada ser humano y de cada sociedad, en una más disimulada que en otras, en no pocas ocasiones se convierte en el salvavidas que permite a algunos cuantos aspirar a cambiar su destino de miseria a través de la enseñanza de técnicas que permiten dosificar la fuerza que surge de esas entrañas hambrientas y sedientas y algo más que comida.

La búsqueda al inicio desenfrenada por encontrar esa mirada de reconocimiento de ese primer Otro que le diera un lugar de existencia, hermano simbólico de esos muchos otros que crecen en las orillas de las ciudades, marginados de una cultura a la que ansían pertenecer y que solo el manejo de muchas veces ese enojo contenido producto de tantos despojos transgeneracionales les exige un sobresfuerzo, casi inhumano.

Serán esa serie de esfuerzos los que lo colocaran en un escenario que le promete colmarle de todo aquello de lo que ha carecido en el pasado de una infancia sufriente que aún le acompaña, esculpirá cada fibra que conforman sus músculos, podrá cambiar su nombre, ya sea por sus cualidades físicas o por aquellos rasgos de carácter que parte de su cuerpo, sacrificio constante a los Dioses insaciables que siempre exigen un poco más de resistencia, fuerza, precisión.

La concentración se vuelve un arma imprescindible en cada combate, hay que sortear el glamour del escenario en el que se desenvuelve la lucha, los reflectores de las cámaras que por momentos lo enceguecen y las voraces expectativas de las personas que son convitados al desenvolvimiento del ritual que nos permite identificarnos con aquellos que se encuentran al centro del escenario, si gana aquel a quien hemos decidido apostar nos sentimos parte de ese triunfo aunque no hayamos entrenado con aquel héroe un solo día; pero también hay otra posibilidad.

La parte obscura de la gloria, suele dejar un sabor muy amargo tanto en el gladiador como en sus seguidores, despertando en no pocos una sed de venganza por el honor mancillado en un ciclo que pocas veces permite reivindicaciones.

Estos semidioses que en el mejor de los casos logran colarse en la vida cotidiana de sus  pares a través de las leyendas que de sus hazañas se cuentan permiten tener un modelo que permita ser la luz lejana en ese faro de obscuridad que atraviesan las marcas que el tiempo inexorablemente va dejando en todos nuestros cuerpos aún cuando el cuerpo físico siga su curso natural sea este modo de vida, aquello que nos brinde aliento en los momentos en que el espíritu nos permita descubrir la luz que cada uno lleva dentro.

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