A veces disciplinas que parecen totalmente opuestas conviven en un mismo espacio para asombro de la gente. Éste es el caso del futbol y la poesía, actividades en apariencia incompatibles y que, sin embargo, pueden convivir a la perfección: el intelectual puede ser aficionado al balompié y el fanático del deporte más popular del mundo también se conmueve con los versos del poeta.

En esta ocasión quiero compartirles un poema que apareció publicado en la prestigiosa revista Letras Libres, dirigida por el reconocido historiador mexicano Enrique Krauze, en su número de mayo del año 2002, una edición dedicada al futbol visto por los intelectuales a propósito de la cercanía del Mundial de Corea-Japón de ese año. Este texto es autoría de Braulio Gutiérrez Medina, un curioso y ejemplificativo caso de que deporte, ciencia y literatura pueden ir de la mano, ser compatibles y complementarios. Gutiérrez Medina no sólo es poeta, sino que además estudió la carrera de física en la UNAM y el doctorado y postdoctorado en prestigiadas universidades de Estados Unidos. Si alguien aún piensa que el futbol es responsable del enajenamiento, atraso e ignorancia de los pueblos del mundo, estas credenciales lo refutan de manera contundente.

El poema de Braulio se titula Imágenes de futbol, y se los comparto a continuación:

En un espacio abierto/ Los ojos guiados por el balón/ magnético,/ definen/ trazos/ senderos/ paredes/ largos pases/ quiebres/ espacio de trayectorias imparables/ la cancha es una fuente de parábolas/ (por/ aquí/ pasóel/ tiempo)/ en un gol se ponen/ todos los soles todos los ojos/ y siempre es medianoche/ en punto/ para un balón que cruza la meta.

En su poema, el autor nos habla de cómo el balón constituye lo más importante para los espectadores de un partido de futbol. Todas las miradas son atraídas por ese esférico magnético, como lo califica el poeta. La pelota, asimismo, dibuja innumerables trazos en su transitar por los pies de los jugadores, que entre todos construyen una geometría que se despliega en la cancha, y nuestros ojos siguen esas jugadas como si ellos mismos las crearan.

Pero el futbol no sólo puede modificar el espacio, sino también el tiempo. Un partido de futbol es un tiempo aparte, independiente del tiempo real en que vive el resto de la gente. Es un paréntesis en el mundo cotidiano en que los problemas de la semana se olvidan por un rato que nos sirve de saludable escape de la rutina que a veces nos agobia.

Finalmente, para el poeta, el gol es tan importante que incluso el universo se detiene cuando el balón cruza la línea de meta: por eso dice que todos los soles y todos los ojos se ponen en él y en ese momento siempre es medianoche, es decir, el tiempo recomienza.

Muchas veces en la crónica deportiva se dice ante una bella anotación, como la de Diego Armando Maradona ante Inglaterra cuando burló a medio equipo en el Mundial del 86, o la Manuel Negrete en el mismo torneo en la victoria de México 2-0 ante Bulgaria, que es un poema de gol. En el caso de Braulio Gutiérrez Medina, tenemos el gol que inspira.

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