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deportes dentro y fuera del juego

las mentiras y su psicologia en el deporte: percepcion y engaño a los entrenadores

6 minutos de lectura

¿Usted miente? Es muy probable que la respuesta casi inmediata a la pregunta sea negativa, ya que es habitual que las personas realizan un juicio negativo acerca de la realización de esta acción.

Si conjugamos un poco el verbo pidiendo auxilio a la memoria y preguntará ¿Usted ha mentido? Aunque la respuesta casi inmediata sea la misma que en la pregunta anterior, es posible que en esta ocasión la respuesta se encuentre acompañada de un temblor en la voz mas o menos perceptible (dependiendo de cuanta practica tenga) y para su sorpresa descubra que sus manos traían un par de fuentes escondidas que se manifiestan en ese momento en que la memoria rápidamente localiza aquellos episodios, en los que vale la pena decir; que entre más celebraciones de cumpleaños se hayan tenido, mayor es la posibilidad de que existan más de las que podría contar con sus dedos.

Sin embargo, es importante entendernos y para evitar malos entendidos aclarar ¿Qué es mentir?

Según la Real Academia de la Lengua Española es la “Expresión o manifestación contraria de lo que se sabe, se piensa o se siente” dicho de esta manera, es factible que en más de una ocasión haya dicho una cosa y haya hecho otra, o al revés cuando de sentimientos se trata, seguramente ha negado más de una vez a una persona que le gusta o que ella haya respondido negativamente aunque su corazón se haya acelerado rápidamente.

 Si sonrió tímidamente, se sonrojo o quizá se cubrió los ojos podría objetar que la mentira que pronunció se hizo para evitar una pena o evitar algún disgusto, lo cual le da un toque de blancura interesante a la mentira proferida o bien usamos el estandarte de la piedad para dicha acción, lo cual nos conduce inevitablemente al siguiente eslabón.

¿Qué es la psicología del deportiva ?

¿A quién le mentimos?

Siguiendo algunas nociones de Lévinas y pensamos que nosotros somos lo que somos por las relaciones que establecemos con otros, localizamos un punto de intersección en la práctica deportiva.

La relación entrenador deportista implica una serie de esferas imbricadas de manera única, exceptuando aquellos casos en los cuales haya una patología previa en cualquiera de los integrantes de esta diada (misma que merece un texto independiente) nos centraremos en esta pareja por ser frecuente (aunque no exclusiva) y aplicable a otros contextos dentro del ámbito deportivo.

La búsqueda del éxito conduce en ocasiones al entrenador a querer controlar la vida del deportista, poniendo de relieve esta parte del identidad, tomándola como un todo exclusivo que deja de lado a este(a) ultimo(a) como un ser humano con capacidad de decisión acerca de su propia existencia y desatándose el deseo casi omnipotente de control indefinido que termina asfixiando que lo lleva a incurrir a una serie de falsedades en el camino sin retorno hacia el declive y deterioro de esta relación que es fundamental para la consecución de logros deportivos

Por un lado se encuentra el entrenador que en el caso ideal ha practicado en la misma disciplina, ha destacado en ella y además se ha profesionalizado en la forma de desempeñar su labor por mencionar solo algunas, y por el otro se encuentra el deportista que busca trascender dentro de su disciplina y que confía en el entrenador y en todas las cualificaciones antes mencionadas.

Pero cuando las evaluaciones del entrenador comienzan siendo sugerencias que se traducen en exigencias que involucran inclusive las esferas social, familiar y sexual de los deportistas en muchas ocasiones es visto como una invasión a la privacidad (sin descartar que en ocasiones esto lo sea) y ellos comiencen a resistirse, y una forma de resistir a esa invasión es revelando la verdad a medias (que para muchos es considerado una mentira) evadiendo el tema sobre el que se está abordando o bien, inventando una historia compleja que entre más elaborada sea; mayor esfuerzo requerirá del cerebro y la memoria para recordar los detalles y que no se transforme al paso del tiempo.

A excepción de aquellos o aquellas personas en las que mentir sea su deporte favorito y su manera de relacionarse en el mundo (en la que su cerebro ya este tan acostumbrado que difícilmente muestre manifestaciones corporales por medio de signos de que no esta siendo honesto) las personas que no mienten con frecuencia únicamente realizan esta acción con alguien importante.

Se sabe que cuando existen mentiras dentro de una relación la comunicación entre los integrantes no es la mejor, lo cual compromete de manera sería el alcance de las metas que hicieron que entrenador y deportista decidieran recorrer el mismo camino, que como efecto domino va tirando a su paso las distintas piezas que conforman esta dupla, porque una vez que la comunicación se ve comprometida, la confianza también se tambalea y, sin comunicación ni confianza difícilmente aparece la verdad.

En ocasiones la tiranía del entrenador, el sometimiento y el abuso ejercido sobre el atleta en nombre de “lo mejor para él” y escudado en su “conocimiento y trayectoria” son los disfraces con los que encubre, legitima y excusa la violencia educativa que ejerce sobre el deportista que en el peor de los casos lleva a un cinismo brutal y rampante que termina por ser el punto final de una relación deportiva que puede dejar heridas tan profundas en el deportista que lo lleven a alejarse por completo de su disciplina y puede ser el origen a diversas patologías.

No todas las personas poseen un perfil adecuado de entrenador

Las jornadas tan largas que pasa un entrenador junto a su atleta crean un ambiente propicio para que se mezclen los afectos de ambos y es bien sabido que aquellas cosas por las que sentimos placer las realizamos con mayor empeño y pasa lo contrario con aquellas que nos desagradan.

Pasa lo mismo con aquellas personas por las que sentimos un afecto positivo que por aquellas que de solo pensar en ellas hacen que la cabeza nos duela, el estomago reviente y los músculos se contraigan.

¿Imagina como sería tener que pasar con una persona que le es desagradable una cantidad muy grande de tiempo?

Finalmente quisiera terminar con la siguiente cuestión ¿Por qué mentimos?

Trate de situarse en una relación en la que le han dado una indicación importante para poder alcanzar aquel objetivo planteado en su práctica deportiva, pero ello implica renunciar a estar sentimentalmente con alguien que ama.

¿Qué pasaría si le dice la verdad a su entrenador? ¿El entendería? ¿Se pondría en sus zapatos? (Es decir,  sería empático?) O por el contrario ¿haría gala de todas las groserías que conoce? ¿Le echaría de su equipo por el hecho siquiera de enunciarlo?

Siguiendo la propuesta del Dr. Bucay con lo referente a la cantidad de verdad que somos capaces de comprar/soportar ¿Le alcanza para la verdad completa? Con el precio que implica no poder volver a ignorar aquello que ha descubierto, o por el contrario ¿únicamente le alcanza para un juego de simulación?

Particularmente como participante activa en diversas actividades deportivas y como profesional considero que es vital el establecimiento de limites en ambas partes, si como se dice coloquialmente se quiere llevar el proyecto a buen puerto

¿O usted que opina? Lo dejo a su consideración

Referencias

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